El Daño Cerebral Adquirido infantil y juvenil no es un hecho aislado ni anecdótico. Es una discapacidad emergente que requiere una respuesta institucional clara, recursos suficientes y una mirada integral que garantice derechos, apoyos y oportunidades desde la infancia hasta la edad adulta.
Una realidad poco visible
El Daño Cerebral Adquirido (DCA) en la infancia y la adolescencia sigue siendo una realidad poco visible y claramente desatendida en nuestro país. Se trata de una lesión cerebral que aparece de forma súbita en una persona previamente sana como consecuencia de traumatismos craneoencefálicos, accidentes de tráfico, caídas, ictus, anoxias, tumores cerebrales, infecciones del sistema nervioso u otras enfermedades.
A pesar de su impacto, el DCA infantil continúa siendo una discapacidad poco reconocida, especialmente cuando las secuelas no son evidentes a simple vista.
Impacto en el desarrollo y la vida cotidiana
El DCA infantil no solo afecta a las capacidades motoras, sino también a funciones cognitivas como la atención, la memoria o el lenguaje, así como a la regulación emocional, la conducta y las habilidades sociales. Estas alteraciones interfieren directamente en el desarrollo académico, la autonomía personal, la construcción de la identidad y la participación social de niños, niñas y adolescentes.
Muchas de estas secuelas son invisibles, lo que dificulta su detección y comprensión por parte del entorno educativo, social y comunitario. Sin embargo, su impacto es profundo y prolongado, tanto en la vida de la persona menor como en la de su familia, que debe adaptarse de forma repentina a una nueva realidad.
El vacío tras el alta hospitalaria
Cuando un o una menor ingresa en el hospital tras una lesión cerebral, su familia atraviesa una crisis repentina marcada por la incertidumbre, el miedo y la ruptura del proyecto vital. No obstante, el mayor vacío aparece tras el alta hospitalaria.
En la actualidad, niños, niñas y adolescentes son dados de alta sin un código diagnóstico específico de Daño Cerebral Adquirido, lo que provoca que su situación quede diluida bajo diagnósticos aislados de su causa (como traumatismo craneoencefálico, tumor o infección). Esta falta de codificación tiene consecuencias muy graves.
La ausencia de un código diagnóstico específico:
- Invisibiliza el DCA infantil en los registros oficiales.
- Dificulta la derivación a recursos especializados.
- Rompe la continuidad asistencial.
- Deja a las familias sin orientación ni acompañamiento en un momento de alta vulnerabilidad emocional.
Además, el sistema no garantiza la información adecuada ni un seguimiento del desarrollo de la persona hasta la edad adulta, a pesar de que muchas secuelas pueden manifestarse o intensificarse en etapas posteriores, especialmente durante la adolescencia.
Desigualdad territorial
La atención al DCA infantil presenta una enorme desigualdad territorial. Las comunidades autónomas cuentan con recursos muy dispares: mientras algunas disponen de unidades específicas de rehabilitación infantil, otras carecen por completo de ellas. La neuropsicología infantil, la terapia ocupacional pediátrica, la rehabilitación transdisciplinar y la intervención psicosocial no están garantizadas de forma homogénea en la red pública, condicionando el pronóstico y el bienestar de los y las menores y sus familias en función del lugar de residencia.
Reivindicaciones desde el movimiento asociativo de Daño Cerebral
Ante esta realidad, las entidades que formamos Daño Cerebral Estatal reivindicamos:
- La creación de un código diagnóstico específico de Daño Cerebral Adquirido al alta hospitalaria que permita identificar a los y las menores (fuentes estadísticas), garantizar su derivación y asegurar el seguimiento de su caso.
- La existencia de recursos públicos de rehabilitación transdisciplinar especializada en todas las comunidades autónomas, evitando desigualdades territoriales.
- Una coordinación real entre los sistemas sanitario, educativo y de servicios sociales, imprescindible desde un enfoque psicosocial.
- El acompañamiento integral a las familias desde el primer momento, con atención emocional, social y educativa.
Una discapacidad emergente que exige respuesta
El Daño Cerebral Adquirido infantil y juvenil no es un hecho aislado ni anecdótico. Es una discapacidad emergente que requiere una respuesta institucional clara, recursos suficientes y una mirada integral que garantice derechos, apoyos y oportunidades desde la infancia hasta la edad adulta.





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